domingo, 30 de mayo de 2010
martes, 18 de agosto de 2009
Desde Osh con amor
18-Agosto-2009
La Pamir Highway ha sido quizas el viaje mas bonito que yo haya hecho en bici. Algunos me diran que digo esto de todos los viajes, pero nunca lo he pensado con tanta rotundidad. Acabamos de llegar a Osh, segunda ciudad mas grande de Kirguistan.
El viaje empezo mal: llegamos a Dushanbe, capital de Tayikistan, y faltaba el equipaje de Lucia, horror! no tena pinta de que fuera a aparecer en los siguientes dias. Como iba Lucia a hacer un viaje en bici sin alforjas, sin saco de dormir, sin esterilla de Thermarest, sin Goretex, sin sabana de seda, sin camaras de repuesto, sin pulpos, sin bastoncillos de oidos, sin toallitas humedas, sin papel higienico de 4 capas, sin todas esas cosas que nos parecen esenciales?? y como comprar tanta occidentalidad en una republica ex-sovietica con los 100 $ que le dieron en las Turkish airlines?? Lucia saco a relucir su gran optimismo y sus dotes de ingenio y entre todos recorrimos un par de mercadillos de la ciudad donde compro los sucedaneos sovieticos: unos sacos de harina para fabricar unas alforjas, ropa de ninas adolescentes y camisetas de ninos moteros, calzonzillos que sirvieran de culot, chubasquero de Adidas imitacion, hasta conseguimos un saco de dormir y papel higienico de 3 capas, y con cuatro cositas mas, ella que es muy apanada, en un par de horas estaba lista para salir con toda su ilusion y demostrarnos a todos que tanta esencialidad queda en entredicho.
Contratamos un jeep que nos traslado a los cinco ciclistas con nuestros bienes mas preciados: Jose Luis y su GPS, Maria Jesus y su bolsa de la playa de contenido desconocido, Lucia y sus sacos-alforjas, Martin y su diccionario ruso-aleman, y yo con mi quitacuticulas, junto con los equipajes y las bicis a Khorong, ciudad desde la que iniciariamos la ruta. El viaje duro un dia y un poco mas y durante varios cientos de Kms recorrimos el gran rio Pang, frontera con Afganistan, vislumbrando en la otra orilla de vez en cuando mujeres en burkas azules. Paramos en varios controles policiales donde nuestro conductor traspasaba en cada apreton de manos varios billetitos de somonis.
Desde Khorong en Tayikistan hemos recorrido en bici 750 Kms hasta Osh, en Kirguistan, siguiendo la ruta que se conoce como la Pamir Highway. Hemos empezado a 2.000 m y subiendo poco a poco hemos llegado a la meseta de los Pamir a 4.000 m, pasando algunos puertos, el mas alto a 4.655 m, que coronamos con exito. Los paisajes han sido espectaculares, impresionantes, se nos acababan los adjetivos en espanol y teniamos que recurrir al ingles: unos dias eran gorgeous, otros majestic, otros dramatic, otros amazing, otros exhilarating... y es que es increible ver montanas de tantos colores, lagos azul turquesa con orillas blancas de la sal, rios de diferentes colores que se juntan, montanas de 6000 m que aparecian en cada recodo, llanuras infinitas, cielos de un azul intenso y limpio, las noches mas estrelladas del mundo... y la sensacion del silencio, de lo remoto, de lo desconocido, de estar solos, durante muchos dias no vimos ningun turista. Tambien impresionante la hospitalidad y el encanto de la gente que salia de sus casas sencillas y de sus yurtas (una especie de tiendas de campana redondas forradas de alfombras por dentro) al vernos pasar para invitarnos a te, pan, mantequilla y yogur, que nos dejaban la mejor habitacion de la casa para dormir, que cada vez que les haciamos una foto nos daban las gracias...
Durante muchos, muchisimos Kms pedaleamos entre una linea de telefono y electricidad de tiempos sovieticos fuera de uso y una absurda valla alambrada que separa Tayikistan de China. Cuantos millones de arboles han ido a parar ahi!
Hemos dormido en casas o yurtas de gente que nos invitaba o pequenas guesthouses, donde comiamos sobre alfombras en el suelo el menu habitual de pan con mantequilla, yogur y te, y muchas veces tambien sopa, y despues dormiamos sobre finos colchones de tela. Alli no hay agua corriente, electricidad solo en los pueblos grandes que usan generadores, el combustible para cocinar son los excrementos de vacas y caballos que previamente moldean en forma de torta, las letrinas son habitaculos con un agujero en el suelo a veces de tamano demasiado pequeno y en muchas ocasiones con varios agujeros para uso comunitario. Asi transcurrian los dias, pedaleando en la altura, maravillandonos con los paisajes, alimentandonos a base de te y pan, y casi sin darnos cuenta nos topamos con la frontera y pasamos a Kirguistan donde el espectaculo era otro: grandes montanas verdes y rojas, y el descenso de la altura a traves de la gran cordillera Alay nevada en la que destaca el Pico Lenin con sus mas de 7000 m, y que nos hizo rendir tributo a Ramon que ha estado en su cumbre. En Sary Tash, primer pueblo de Kirguistan nos alcanzaron Luis y Miguel Angel con sus respectivas diarreas, que habian salido una semana despues de Madrid y habian pedaleado el doble que nosotros cada dia hasta encontrarnos, y asi nos convertimos en un grupo de 7 con mayoria masculina para alegria de Martin. Varios dias mas de pedaleo en suave descenso por un largo valle verde con muchas yurtas han acabado en Osh, a 1.000 m de altura y con los pequenos placeres de la civilizacion: agua corriente, duchas, vateres, fruta, carne, internet, etc, etc.
Mañana emprendemos el retorno, viajaremos durante dos dias en microbus hasta Biskek, la capital, y de alli volaremos a Madrid. Atras quedaron las montanas y los desiertos, que aunque a mi jefe le parecen insuficientes para unas vacaciones, a mi me han sabido a poco. Volvere!
El viaje empezo mal: llegamos a Dushanbe, capital de Tayikistan, y faltaba el equipaje de Lucia, horror! no tena pinta de que fuera a aparecer en los siguientes dias. Como iba Lucia a hacer un viaje en bici sin alforjas, sin saco de dormir, sin esterilla de Thermarest, sin Goretex, sin sabana de seda, sin camaras de repuesto, sin pulpos, sin bastoncillos de oidos, sin toallitas humedas, sin papel higienico de 4 capas, sin todas esas cosas que nos parecen esenciales?? y como comprar tanta occidentalidad en una republica ex-sovietica con los 100 $ que le dieron en las Turkish airlines?? Lucia saco a relucir su gran optimismo y sus dotes de ingenio y entre todos recorrimos un par de mercadillos de la ciudad donde compro los sucedaneos sovieticos: unos sacos de harina para fabricar unas alforjas, ropa de ninas adolescentes y camisetas de ninos moteros, calzonzillos que sirvieran de culot, chubasquero de Adidas imitacion, hasta conseguimos un saco de dormir y papel higienico de 3 capas, y con cuatro cositas mas, ella que es muy apanada, en un par de horas estaba lista para salir con toda su ilusion y demostrarnos a todos que tanta esencialidad queda en entredicho.
Contratamos un jeep que nos traslado a los cinco ciclistas con nuestros bienes mas preciados: Jose Luis y su GPS, Maria Jesus y su bolsa de la playa de contenido desconocido, Lucia y sus sacos-alforjas, Martin y su diccionario ruso-aleman, y yo con mi quitacuticulas, junto con los equipajes y las bicis a Khorong, ciudad desde la que iniciariamos la ruta. El viaje duro un dia y un poco mas y durante varios cientos de Kms recorrimos el gran rio Pang, frontera con Afganistan, vislumbrando en la otra orilla de vez en cuando mujeres en burkas azules. Paramos en varios controles policiales donde nuestro conductor traspasaba en cada apreton de manos varios billetitos de somonis.
Desde Khorong en Tayikistan hemos recorrido en bici 750 Kms hasta Osh, en Kirguistan, siguiendo la ruta que se conoce como la Pamir Highway. Hemos empezado a 2.000 m y subiendo poco a poco hemos llegado a la meseta de los Pamir a 4.000 m, pasando algunos puertos, el mas alto a 4.655 m, que coronamos con exito. Los paisajes han sido espectaculares, impresionantes, se nos acababan los adjetivos en espanol y teniamos que recurrir al ingles: unos dias eran gorgeous, otros majestic, otros dramatic, otros amazing, otros exhilarating... y es que es increible ver montanas de tantos colores, lagos azul turquesa con orillas blancas de la sal, rios de diferentes colores que se juntan, montanas de 6000 m que aparecian en cada recodo, llanuras infinitas, cielos de un azul intenso y limpio, las noches mas estrelladas del mundo... y la sensacion del silencio, de lo remoto, de lo desconocido, de estar solos, durante muchos dias no vimos ningun turista. Tambien impresionante la hospitalidad y el encanto de la gente que salia de sus casas sencillas y de sus yurtas (una especie de tiendas de campana redondas forradas de alfombras por dentro) al vernos pasar para invitarnos a te, pan, mantequilla y yogur, que nos dejaban la mejor habitacion de la casa para dormir, que cada vez que les haciamos una foto nos daban las gracias...
Durante muchos, muchisimos Kms pedaleamos entre una linea de telefono y electricidad de tiempos sovieticos fuera de uso y una absurda valla alambrada que separa Tayikistan de China. Cuantos millones de arboles han ido a parar ahi!
Hemos dormido en casas o yurtas de gente que nos invitaba o pequenas guesthouses, donde comiamos sobre alfombras en el suelo el menu habitual de pan con mantequilla, yogur y te, y muchas veces tambien sopa, y despues dormiamos sobre finos colchones de tela. Alli no hay agua corriente, electricidad solo en los pueblos grandes que usan generadores, el combustible para cocinar son los excrementos de vacas y caballos que previamente moldean en forma de torta, las letrinas son habitaculos con un agujero en el suelo a veces de tamano demasiado pequeno y en muchas ocasiones con varios agujeros para uso comunitario. Asi transcurrian los dias, pedaleando en la altura, maravillandonos con los paisajes, alimentandonos a base de te y pan, y casi sin darnos cuenta nos topamos con la frontera y pasamos a Kirguistan donde el espectaculo era otro: grandes montanas verdes y rojas, y el descenso de la altura a traves de la gran cordillera Alay nevada en la que destaca el Pico Lenin con sus mas de 7000 m, y que nos hizo rendir tributo a Ramon que ha estado en su cumbre. En Sary Tash, primer pueblo de Kirguistan nos alcanzaron Luis y Miguel Angel con sus respectivas diarreas, que habian salido una semana despues de Madrid y habian pedaleado el doble que nosotros cada dia hasta encontrarnos, y asi nos convertimos en un grupo de 7 con mayoria masculina para alegria de Martin. Varios dias mas de pedaleo en suave descenso por un largo valle verde con muchas yurtas han acabado en Osh, a 1.000 m de altura y con los pequenos placeres de la civilizacion: agua corriente, duchas, vateres, fruta, carne, internet, etc, etc.
Mañana emprendemos el retorno, viajaremos durante dos dias en microbus hasta Biskek, la capital, y de alli volaremos a Madrid. Atras quedaron las montanas y los desiertos, que aunque a mi jefe le parecen insuficientes para unas vacaciones, a mi me han sabido a poco. Volvere!
miércoles, 29 de octubre de 2008
Desde Pokhara con amor
29-Octubre-2008
Salimos de Bandipur destino a los Annapurnas. Primero apiñados en un jeep para bajar a Dumrei, siguió un bus que ya estaba lleno y nos mandaron al techo con los equipajes de los pasajeros, un hombre y su cabra. Bonito viaje entre arrozales, alternábamos hacer fotos movidas y agarrarnos a la baca en las curvas. La cabra se restregaba en mis pantalones, babeaba, me clavaba los cuernos y por último se meó y el liquidillo resbaló debajo de nosotros hasta caer por el parabrisas delantero.
La mañana siguiente cogimos otro abarrotado jeep desde Besisahar hasta Bhulebhule, del que nos bajamos empapados de una mezcla de sudor de todos los viajeros. Ahí empezamos el famoso trekking de los Annapurnas. Las estadísticas dicen que el mes de octubre es el más concurrido con más de 14.000 trekistas de un montón de países, los españoles ocupamos el octavo lugar.
El trekking recorre más de 200 Kms, se sube un largo valle hasta pasar un collado a más de 5.400 m de altura y después se desciende por otro valle totalmente distinto al primero. Es impresionante cómo cambiaba el paisaje según íbamos subiendo: primero arrozales de un verde muy intenso y un valle amplio, después entramos en bosques de vegetación subtropical con lianas y sanguijuelas que chuparon nuestra sangre, laderas cubiertas de árboles, el río se iba encañonando, teníamos lluvias todas las tardes, después vino el rainforest con helechos, musgos colgando de los árboles; más arriba las coníferas, por encima de los 3.000 la vegetación fue desapareciendo y dio lugar a laderas rojizas, grandes cárcavas, yaks, mucho frío y algún dolor de cabeza por la altura. Desde la mitad de la subida empezaron a aparecer a nuestro lado las moles grandiosas de varios casiochomiles: los Annapurnas II, III y IV, el Gangapurna y otros de nombres imposibles de aprender. Nos costaba creer que esas cumbres que parecían tan cercanas estaban a más de 4.000 m por encima de nosotros.
Todos los días cruzamos el río varias veces por enormes puentes colgantes que oscilaban a nuestro paso, todos ellos adornados con banderitas de oración de colorines. Todos los días cruzamos también muchos pueblitos sencillos llenos de hoteles muy básicos. De vez en cuando aparecía un pueblo más grande con teléfono, internet a precio de oro y tiendas. Niños y adultos jugaban en la calle a una especie de ruleta con dados enormes que tiraban con un cubo, al parchís, a una especie de billar con fichas planas, las mujeres cocinaban, lavaban y se lavaban, los hombres porteaban, y todos nos saludaban con un “namaste” y una sonrisa.
Empezamos el trekking cargando con nuestras mochilas, pero tras el primer día yo (la “princesa”) decidí que la mía pesaba demasiado para cargarla más de 20 días y cogí un porteador que nos recomendó el dueño de nuestro hotel. Lucía y Eduardo más valientes decidieron seguir con sus mochilas a la espalda. Nuestro acompañante se llamaba Kushi, eso es todo lo que logramos saber de él. Es un ser tímido, callado y poco a poco le fuimos cogiendo cariño, pese a los problemas de comunicación. Era la primera vez que se dedicaba a portear y está claro que no es lo suyo. Era como si le hubiéramos puesto patas a mi mochila. A pesar de que dudábamos de que fuera capaz de llegar al collado fue el que subió más rápido en zapatillas y sudadera. Su equipaje consistía en una bolsa con unos vaqueros de diseño, una camisa de rayas naranjas, una sudadera, un pantalón de chandal, unas chanclas, un jabón, una toalla y un cepillo de dientes.
Aquí todo se portea, desde las mochilas de los trekistas a todo lo que consumimos: comida, agua, cervezas, camas, etc. También lo que los habitantes del valle necesitan incluyendo teles, muebles, pollos, vigas, etc. Es impresionante ver a los porteadores, hombres de todas las edades, algunos niños y hasta mujeres, cargando a veces más de 60 Kgs de una cinta alrededor de la cabeza, arqueados bajo el peso y con chanclas. Durante todo el camino hay poyetes de piedra para que puedan descansar.
Existe un sistema superestablecido de alojamiento y avituallamiento de los trekistas. En cada pueblo hay muchos hoteles, de hecho muchos pueblos consisten en sólo hoteles. Al principio eran 'bungalows' de uralita, después de contrachapado, que pasó a la madera, y ya más alto a edificios de piedra muchas veces pintados de blanco. Las habitaciones son muy básicas, con camastros con una colchoneta cubierta por una sábana blanca, hay que llevar el saco. Hay letrina-ducha comunitaria, a veces con agua caliente. Cuestan 0,50 E de media por persona. Para las comidas hay un menú de precios fijados por un comité de turismo que consiste en curries, rollitos de primavera, pasta, patatas, el típico plato nepalí llamado dhal bat y alguna repostería poco conseguida. A Lucía todo le parecía exquisito. Los precios van subiendo poco a poco según subimos el valle, en algunos platos el precio se dobla y en las bebidas se llega a multiplicar por 5. En los hoteles hay un piso arriba y otro abajo: los de “arriba”, los trekistas, pagamos poco por dormir, mucho por comer y una barbaridad por beber, y los de “abajo”, los porteadores y guías, que pagan nada por todo, comen el dhal bat de un tamaño el doble que el nuestro y no necesitan llevar saco. Es decir, que el sistema esta planteado para que los trekistas financien no sólo a los habitantes del valle que tienen negocio pocos meses al año, sino también a los porteadores, los lleven o no.
En algunos pueblos existe un puesto de 'safe drinking water” donde venden agua esterilizada con ozono a precio mucho más barato que las botella de agua mineral, y así además se evita que se vayan quedando botellas por todas partes.
Así transcurría el trekking, con Eduardoctísimo ilustrándonos a diario sobre todo lo referente a la los usos y costumbres de la cultura nepalí, las sanguijuelas, los ochomiles, el GPS, etc y sacando su despliegue de aparatos electrónicos para tomar datos (la PDA-GPS) y obtener información sobre cualquier tema (lleva un pequeño portátil con varias enciclopedias, que además nos ha servido para descargar fotos y escribir esta crónica).
Subimos poco a poco para aclimatar bien en la altura, hasta que todos coronamos con éxito el collado del Thorung La a 5.416m (algunos metros más alto que aquel pico que subimos en Perú) y empezamos la bajada por el valle del Kali Gandaki. Desde allí vimos a lo lejos nuestro primer ochomil, el “Daulaguiri”. El paisaje cambió drásticamente, parecía un desierto en tonos ocres, pasamos por el inicio del valle que sube al antiguo reino de Mustang (se queda pendiente para otro viaje), caminamos un par de días sobre las piedras del lecho de anchísimo río Kali Gandaki. Nos cruzábamos con peregrinos hinduistas que subían al templo de Muktinah a bañarse en sus 108 fuentes. Después aparecieron de nuevo los pinos y el bosque tropical. Este valle era más rico, con pueblos más bonitos y con más vida, los hoteles mejoraron considerablemente, su cocina también, para mayor satisfacción de Lucía-Exquisita. A lo largo del treking he leído el libro de Maurice Herzoz 'Annapurna, el primer ochomil', que me ha hecho disfrutar aún más del camino al pasar por lugares que Maurice recorrió en 1950 para llegar por primera vez a la cumbre de un ochomil.
En Jomson nos encontramos con Adela y Olga, unas amigas montañeras que sabíamos habían comenzado el trekking unos días después de nosotros, y tras compartir viaje un par de días nos abandonaron porque nuestro ritmo era demasiado lento para ellas. Las veremos en Kathmandu, aunque a lo mejor allí tampoco podremos seguir su ritmo desenfrenado de compras de material de montaña falso. También coincidimos varios días con un par de científicos americanos, especialistas uno en paleoclimatología y otro en religiones. Muchos israelitas, franceses y alemanes, y de vez en cuando algún español.
Cuando llegamos al fondo del valle de Kali Gandaki nos enfrentamos a una subida de 1.800 m casi enteramente con escalones, duro, duro, duro. Pasamos un par de días por bosques de rododendros preciosos habitados por monos para enlazar el circuito de los Annapurnas, casi completado, con un segundo trekking más corto, el del Santuario de los Annapurnas. Este camino sube por un valle cerrado con poco sol, sin pueblos, ya que es una zona protegida, y con algunos lodges en lugares definidos. Rododendros, bambú, niebla, cascadas, montañas “rotas” por avalanchas y desprendimientos, frío, y finalmente un anfiteatro a 4.000 m rodeado de montañas enormes y glaciares presidido por el Annapurna I, nuestro segundo ochomil. Este lugar es sobrecogedor, impresiona estar rodeados de tanta montaña tan enorme. A nuestra espalda el pico más bonito de nuestro Himalaya conocido, de casi 7.000 m, el Machapuchre. Tras una espectacular salida del sol sobre el Annapurna, contentos y satisfechos, emprendimos el descenso por el mismo valle, el mismo frío, las mismas montañas “rotas”, las mismas cascadas, el mismo bambú, la misma niebla, los mismos rododendros, y, finalmente, los mismos desesperantes escalones.
Los dos últimos días de camino han coincidido con una fiesta nacional que consiste en que grupos de niños que cantaban una canción, siempre la misma, se ponían en medio del camino y mientras uno bailaba el resto hacían una barrera humana para impedirnos el paso si no echábamos unas rupias en un plato lleno de flores. Esto se repitió hasta 15 o 20 al día, Lucia y yo lográbamos franquear la barrera haciendo cosquillas a los niños-barrera, pero Eduardo se quedaba frente a ellos intentando imitar la coreografía de la canción, como si estuviera en las danzas del mundo de los domingos.
Dos días después llegamos a Pokhara, la segunda ciudad del país, a la orilla de un lago del que se ven a los lejos los Annapurnas que dejamos atrás. Han sido veinticinco fantásticos días de trekking en el Himalaya, mas de 300 Kms recorridos y mas de 10.000 m subidos, y hemos disfrutado tanto que ya tenemos ganas de repetir el circuito cuanto antes. Hemos conocido mucha gente que lo estaba haciendo por segunda, tercera y hasta cuarta vez, algunos lo conocieron hace 30 años y todos coinciden en que este trekking es uno de los más bonitos e interesantes del mundo. Nos ha impresionado mucho la gente nepalí por su sencillez y amabilidad. Nosotros esperamos poder repetirlo antes de que pase tanto tiempo.
Namaste!
jueves, 2 de octubre de 2008
Desde Bandipur con amor
2-Octubre-2008
Os decía ayer que estábamos en Kathmandu, donde se unió Eduardo al grupo que venia de pasar 10 días por la India (por supuesto que ya es un experto en casi todo lo referente a estos países: 'claro, claro'...)
Viajar a un lugar sin haber leído nada sobre el sitio provoca mucha expectación ya que todo te va a sorprender. yo no sabia nada de Kathmandu, hasta pensaba que estaba en altura y que nos moriríamos de frió, pero no, hacia un calor de muerte, aun quedaban algunas lluvias retrasadas del monzón, y ha resultado ser una ciudad con mucho ruido, altos índices de polución que hacen el aire irrespirable, gentes y gentes por todas partes (no trabajan nunca?), bocinazos... acaba siendo agotador caminar entre las multitudes a paso de tortuga con un sol aplastante, esquivando los escupitajos, con un trafico infernal de motos, rickshaws, bicis, buses y coches tocando la bocina sin parar. A veces hasta las motos van por las aceras! por las noches hay cortes de luz y se hace difícil esquivar los montones de basura y los baches de las calles llenos de lodos. Lucia cayo en uno metiendo la pierna hasta la rodilla, la zapatilla quedo dentro, tuvo que meter el pie para buscarla y fue indescriptible lo que salio primero de su boca siempre tan educada mientras tanteaba buscándola, y después lo que colgaba de su pie y de su zapatilla.
Las mujeres visten a la india con saris muy coloridos, hay una enorme variedad de etnias y de religiones, templos, lo difícil es disfrutar de esto entre tanta estridencia.
Hemos pasado dos días de tediosos papeleos para conseguir los pertinentes permisos para el treking y extender nuestros visados para mas de 30 dias. papeleos a la antigua usanza de rellenar formulario, cola, fotos, esperar, fotocopias, otra cola, pagar, y vuelva usted en un par de horas.
Lo mas bonito que hemos visto es la plaza de un pueblo pegado a Kathmandu llamado Patan llena de templos hinduistas rojos que parecen el escenario del ultimo emperador.
Una vez solventada la burocracia hemos salido hoy de Kathmandu, en un bus que ha recorrido 137 Kms en SEIS horas por la principal carretera del país perfectamente asfaltada pero con largas colas de camiones y buses.
Luego un bus local donde nos ha tocado viajar en el techo para llegar a un pueblito maravilloso de la etnia newar que ha conservado su arquitectura tradicional de casa-tiendas enormes de ladrillo muy bonitas, como un Pedraza a lo nepalí. Aquí se respira paz, no hay casi gente, no hay coches ni ruido (el pueblo es una calle, literal), esta limpio, que descanso! Desde aquí se ven los colosales Annapurnas a lo lejos. Estamos a 1000m en una cresta sobre un valle verde cubierto de arrozales y al fondo los ochomiles, desde luego es una imagen impactante.
Mañana saldremos hacia allá, nos queda mediodía de bus para llegar al comienzo del treking para rodear el macizo y que nos llevara entre 15 y 20 días. Vamos a empezar de 'independientes guays' sin porteadores ni guías ni nada y ya veremos como va la cosa. Parece que va a ser el camino de Santiago en versión y dimensión Himalayas, ya tenemos ganas de ver a los colosos más de cerca.
Os decía ayer que estábamos en Kathmandu, donde se unió Eduardo al grupo que venia de pasar 10 días por la India (por supuesto que ya es un experto en casi todo lo referente a estos países: 'claro, claro'...)
Viajar a un lugar sin haber leído nada sobre el sitio provoca mucha expectación ya que todo te va a sorprender. yo no sabia nada de Kathmandu, hasta pensaba que estaba en altura y que nos moriríamos de frió, pero no, hacia un calor de muerte, aun quedaban algunas lluvias retrasadas del monzón, y ha resultado ser una ciudad con mucho ruido, altos índices de polución que hacen el aire irrespirable, gentes y gentes por todas partes (no trabajan nunca?), bocinazos... acaba siendo agotador caminar entre las multitudes a paso de tortuga con un sol aplastante, esquivando los escupitajos, con un trafico infernal de motos, rickshaws, bicis, buses y coches tocando la bocina sin parar. A veces hasta las motos van por las aceras! por las noches hay cortes de luz y se hace difícil esquivar los montones de basura y los baches de las calles llenos de lodos. Lucia cayo en uno metiendo la pierna hasta la rodilla, la zapatilla quedo dentro, tuvo que meter el pie para buscarla y fue indescriptible lo que salio primero de su boca siempre tan educada mientras tanteaba buscándola, y después lo que colgaba de su pie y de su zapatilla.
Las mujeres visten a la india con saris muy coloridos, hay una enorme variedad de etnias y de religiones, templos, lo difícil es disfrutar de esto entre tanta estridencia.
Hemos pasado dos días de tediosos papeleos para conseguir los pertinentes permisos para el treking y extender nuestros visados para mas de 30 dias. papeleos a la antigua usanza de rellenar formulario, cola, fotos, esperar, fotocopias, otra cola, pagar, y vuelva usted en un par de horas.
Lo mas bonito que hemos visto es la plaza de un pueblo pegado a Kathmandu llamado Patan llena de templos hinduistas rojos que parecen el escenario del ultimo emperador.
Una vez solventada la burocracia hemos salido hoy de Kathmandu, en un bus que ha recorrido 137 Kms en SEIS horas por la principal carretera del país perfectamente asfaltada pero con largas colas de camiones y buses.
Luego un bus local donde nos ha tocado viajar en el techo para llegar a un pueblito maravilloso de la etnia newar que ha conservado su arquitectura tradicional de casa-tiendas enormes de ladrillo muy bonitas, como un Pedraza a lo nepalí. Aquí se respira paz, no hay casi gente, no hay coches ni ruido (el pueblo es una calle, literal), esta limpio, que descanso! Desde aquí se ven los colosales Annapurnas a lo lejos. Estamos a 1000m en una cresta sobre un valle verde cubierto de arrozales y al fondo los ochomiles, desde luego es una imagen impactante.
Mañana saldremos hacia allá, nos queda mediodía de bus para llegar al comienzo del treking para rodear el macizo y que nos llevara entre 15 y 20 días. Vamos a empezar de 'independientes guays' sin porteadores ni guías ni nada y ya veremos como va la cosa. Parece que va a ser el camino de Santiago en versión y dimensión Himalayas, ya tenemos ganas de ver a los colosos más de cerca.
miércoles, 1 de octubre de 2008
Desde Katmandú con amor
1-Octubre-2008
Como os contaba hace unas semanas salimos de Tingo Maria a Lima donde nos empaquetaron las bicis envolviendolas literalmente en cartones y forrandolas con plastico de cocina. tambien compramos samsonites (bolsas de esas de los chinos deplastico con cremallera de cuadritos) de mickey mouse para meter las alfonsas y al avion. Pasamos una manana en Mexico DF, muertos de sueno subidos al segundo piso de un autobus de esos de turistas. divertidisimo. seguimos volando hasta seattle donde nos las tuvimos que ver con la inmigracion de ese pais tan amable con los 'non-us passport holders'. cuando dijimos que entrabamos al super-pais por solo 2 dias nos miraron como extraterrestres, ponian caras raras y aunque el primer poli nos dejo pasar a recoger las bicis forradas de plastico y las bolsas de micky mouse, los siguiente polis de aduanas se mosquearon mas y mas al ver tamano equipaje para tan solo 2 dias. pasamos 3 polis mas y el cuarto y el quinto finalmente nos sometieron a una entrevista de lo mas surrealista mientras se ponian guantes impolutos para abrir las bolsas de mickey con las alfoprjas llenas de ropa sucia. que por que nos quedabamos solo 2 dias, que por que veniamos de peru y de mexico y nos ibamos a espana, que por que tanto equipaje, que por que habiamos ido a peru y lo mas complicado de explicar que por que no trabajabamos. al final nos dieron por imposibles, el olor de la ropa sucia de antonio les hizo desistir del registro de nuestras pertenencias y nos dejaron pasar tras asegurarles por ultimo que no traiamos drogas ni armas. Una vez dentro de tan maravilloso pais, reencuentro con pierrot tan feliz como siempre, y a pasar un fin de semana hiperactivo de compras, cenas y un dia de montana por las laderas cubiertas de flores alpinas del volcan Rainier. precioso!
El paso por España fue breve pero intenso en vida social y celebraciones. Y casi sin darme en cuenta estaba otra vez en barajas con una mochila con lo indispensable para dar una vuelta a los Annapurnas. Esta vez me acompañaba Lucía.
Nepal, que fenomenal!
Llegamos tras 3 aviones a Katmandu una tarde de domingo. Nos alojamos en el barrio de Thamel, el de los turistas con hoteles que se llaman 'Kathmandu peace', 'Kathmandu Garden' y nirvanas parecidas, agencias para hacer trekings, libros fotocopiados, restaurantes de todo tipo de comidas asiáticas y pizzas, internet, y montones de tiendas de material y ropa de montaña de imitación de las grandes marcas como North Face, es alucinante.
Y esto acaba aquí por ahora que me echan de este cybercafe...
Como os contaba hace unas semanas salimos de Tingo Maria a Lima donde nos empaquetaron las bicis envolviendolas literalmente en cartones y forrandolas con plastico de cocina. tambien compramos samsonites (bolsas de esas de los chinos deplastico con cremallera de cuadritos) de mickey mouse para meter las alfonsas y al avion. Pasamos una manana en Mexico DF, muertos de sueno subidos al segundo piso de un autobus de esos de turistas. divertidisimo. seguimos volando hasta seattle donde nos las tuvimos que ver con la inmigracion de ese pais tan amable con los 'non-us passport holders'. cuando dijimos que entrabamos al super-pais por solo 2 dias nos miraron como extraterrestres, ponian caras raras y aunque el primer poli nos dejo pasar a recoger las bicis forradas de plastico y las bolsas de micky mouse, los siguiente polis de aduanas se mosquearon mas y mas al ver tamano equipaje para tan solo 2 dias. pasamos 3 polis mas y el cuarto y el quinto finalmente nos sometieron a una entrevista de lo mas surrealista mientras se ponian guantes impolutos para abrir las bolsas de mickey con las alfoprjas llenas de ropa sucia. que por que nos quedabamos solo 2 dias, que por que veniamos de peru y de mexico y nos ibamos a espana, que por que tanto equipaje, que por que habiamos ido a peru y lo mas complicado de explicar que por que no trabajabamos. al final nos dieron por imposibles, el olor de la ropa sucia de antonio les hizo desistir del registro de nuestras pertenencias y nos dejaron pasar tras asegurarles por ultimo que no traiamos drogas ni armas. Una vez dentro de tan maravilloso pais, reencuentro con pierrot tan feliz como siempre, y a pasar un fin de semana hiperactivo de compras, cenas y un dia de montana por las laderas cubiertas de flores alpinas del volcan Rainier. precioso!
El paso por España fue breve pero intenso en vida social y celebraciones. Y casi sin darme en cuenta estaba otra vez en barajas con una mochila con lo indispensable para dar una vuelta a los Annapurnas. Esta vez me acompañaba Lucía.
Nepal, que fenomenal!
Llegamos tras 3 aviones a Katmandu una tarde de domingo. Nos alojamos en el barrio de Thamel, el de los turistas con hoteles que se llaman 'Kathmandu peace', 'Kathmandu Garden' y nirvanas parecidas, agencias para hacer trekings, libros fotocopiados, restaurantes de todo tipo de comidas asiáticas y pizzas, internet, y montones de tiendas de material y ropa de montaña de imitación de las grandes marcas como North Face, es alucinante.
Y esto acaba aquí por ahora que me echan de este cybercafe...
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Desde Tingo Maria con amor
10-Septiembre-2008
Chavinillo fue el último pueblo andino donde dormimos, de ahí nos quedaban un par de subidas, de 3500 a 4000, bajada cansadísima por pista a 2000 hasta Huánuco, ciudad hiper-ruidosa llena de tragamonedas, pollerías y chifas (restaurantes chinos) de la que salimos rápido. Asfalto!!! llevamos las bicis a lavar a mano con jabón por 0,30 E, parecían otras!
Última subida a 2.800 m por otro de esos valles en tonos ocres, hasta un túnel, a cuya salida nos esperaba un mundo nuevo: la selva, con un espectacular paisaje de montañas cubiertas de arriba abajo de bosques verdes. La vertiginosa bajada hasta Tingo María desde 2800 a 800 m en unos 80 Kms fue nuestra recompensa a tantos metros subidos, placer divino. La vegetación es espléndida y desconocida, caen cascadas de agua de las montañas como cortinas que nos recuerdan la peli de La Misión, se cruzan pájaros de todos los colores, y lo más llamativo es el sonido de la selva, multitud de pájaros e insectos invisibles chillando a la vez.
Casas dispersas, ya no son de adobe sino de madera y bambú, la gente es diferente, nos parece otro país. Perú geográficamente se divide en costa, sierra y selva. LLevamos todo este tiempo en el sector sierra y ahora el cambio es evidente. La gente es físicamente mas estilizada y más guapa, parecen del sudeste asiático, también más abiertos, se acabaron las varias faldas unas encima de otras de las cholitas de los Andes, estas mujeres visten como las cubanas.
Nosotros aquí no somos 'gringos' ni 'turistas', sino 'pishtacos', que según los describe Vargas LLosa en 'Lituma en los Andes' son algo así como sacamantecas, tienen pinta de extranjeros y sacan la manteca de la gente. Ahora llaman así a los que roban niños para sacarles los órganos y llevarlos al extranjero, se han dado casos recientemente por aquí. O sea, que no nos mola nada lo de escuchar 'pishtacos, pishtacos' continuamente.
Anochecía y llegamos a un pueblo cerca de Tingo María desde el que viajamos en camión hasta nuestro destino.
Tingo María es calor, es lluvia tropical, es color en sus mariposas y sus flores, es exhuberancia en la vegetación y las mujeres, es alegría en sus gentes y decadencia en sus casas. Es el límite de la selva y de las plantaciones de coca, de hecho es la coca lo que mantiene la ciudad. Aquí todo convive. Para nosotros es poner una guinda deliciosa a nuestro viaje.
Nuestro pequeño paraíso es Villa Jennifer, un hotel fuera del pueblo, en una gran finca en la selva, con pocas habitaciones en pequeñas casitas blancas. Tiene 2 pequeñas piscinas, hamacas por todas partes, un minigolf, un pequeño zoológico con monos, tortugas, lagartos y un tigrillo, mesa de ping pong, una colección de 250 pelis, una comida buenísima, qué mas podemos pedir? Los dueños son un matrimonio danes-peruana que nos tratan fenomenal, somos casi los únicos huéspedes. Nada más llegar sacamos del fondo de las alforjas el pantalón corto y el bañador y guardamos el plumas. LLevamos 3 días sesteando en la piscina mientras escuchamos los pájaros y los monos que se pasean sobre nuestras cabezas, comiendo cosas buenísimas, zumos... Por las mañanas hemos salido a dar paseos por la selva, a ver cataratas, la gran variedad de árboles, una cueva habitada por 4000 aves nocturnas, el zoológico de la Universidad... En realidad no es la selva amazónica llena de mosquitos, barro y enormes árboles, esto es más bien lo que se llama rainforest, donde no hay casi mosquitos y la temperatura es muy agradable.
Así podríamos seguir mucho tiempo más, pero ya hemos llegado casi al final de nuestro hacer las Américas. Mañana empieza el largo camino a casa que nos llevará casi una semana: Lima, reencuentro con Jose Luis y M. Jesús a su vuelta de Cuzco, México DF, Seattle, fin de semana en casa de Pierrot, Philadelphia y finalmente Madrid. Después vendrá Nepal, pero eso ya será otro viaje.
Espero que os hayan gustado mis pequeñas crónicas y que os animen a visitar estos lugares. Yo me llevo multitud de imágenes de paisajes y gentes increíbles, Canadá siempre bella y salvaje, y el Perú impresionante y exagerado en sus contrastes. También muchos recuerdos de todo lo vivido con los amigos con los que he compartido este viaje y gracias sobre todo a Antonio, que me ha aguantado durante más de 90 días viajando juntos (y sin discutir ni una sola vez!), y que es un excelente compañero.
No pienso comer arroz ni patatas en mucho tiempo, mamá si lees esto hazme gazpacho por favor!
Chavinillo fue el último pueblo andino donde dormimos, de ahí nos quedaban un par de subidas, de 3500 a 4000, bajada cansadísima por pista a 2000 hasta Huánuco, ciudad hiper-ruidosa llena de tragamonedas, pollerías y chifas (restaurantes chinos) de la que salimos rápido. Asfalto!!! llevamos las bicis a lavar a mano con jabón por 0,30 E, parecían otras!
Última subida a 2.800 m por otro de esos valles en tonos ocres, hasta un túnel, a cuya salida nos esperaba un mundo nuevo: la selva, con un espectacular paisaje de montañas cubiertas de arriba abajo de bosques verdes. La vertiginosa bajada hasta Tingo María desde 2800 a 800 m en unos 80 Kms fue nuestra recompensa a tantos metros subidos, placer divino. La vegetación es espléndida y desconocida, caen cascadas de agua de las montañas como cortinas que nos recuerdan la peli de La Misión, se cruzan pájaros de todos los colores, y lo más llamativo es el sonido de la selva, multitud de pájaros e insectos invisibles chillando a la vez.
Casas dispersas, ya no son de adobe sino de madera y bambú, la gente es diferente, nos parece otro país. Perú geográficamente se divide en costa, sierra y selva. LLevamos todo este tiempo en el sector sierra y ahora el cambio es evidente. La gente es físicamente mas estilizada y más guapa, parecen del sudeste asiático, también más abiertos, se acabaron las varias faldas unas encima de otras de las cholitas de los Andes, estas mujeres visten como las cubanas.
Nosotros aquí no somos 'gringos' ni 'turistas', sino 'pishtacos', que según los describe Vargas LLosa en 'Lituma en los Andes' son algo así como sacamantecas, tienen pinta de extranjeros y sacan la manteca de la gente. Ahora llaman así a los que roban niños para sacarles los órganos y llevarlos al extranjero, se han dado casos recientemente por aquí. O sea, que no nos mola nada lo de escuchar 'pishtacos, pishtacos' continuamente.
Anochecía y llegamos a un pueblo cerca de Tingo María desde el que viajamos en camión hasta nuestro destino.
Tingo María es calor, es lluvia tropical, es color en sus mariposas y sus flores, es exhuberancia en la vegetación y las mujeres, es alegría en sus gentes y decadencia en sus casas. Es el límite de la selva y de las plantaciones de coca, de hecho es la coca lo que mantiene la ciudad. Aquí todo convive. Para nosotros es poner una guinda deliciosa a nuestro viaje.
Nuestro pequeño paraíso es Villa Jennifer, un hotel fuera del pueblo, en una gran finca en la selva, con pocas habitaciones en pequeñas casitas blancas. Tiene 2 pequeñas piscinas, hamacas por todas partes, un minigolf, un pequeño zoológico con monos, tortugas, lagartos y un tigrillo, mesa de ping pong, una colección de 250 pelis, una comida buenísima, qué mas podemos pedir? Los dueños son un matrimonio danes-peruana que nos tratan fenomenal, somos casi los únicos huéspedes. Nada más llegar sacamos del fondo de las alforjas el pantalón corto y el bañador y guardamos el plumas. LLevamos 3 días sesteando en la piscina mientras escuchamos los pájaros y los monos que se pasean sobre nuestras cabezas, comiendo cosas buenísimas, zumos... Por las mañanas hemos salido a dar paseos por la selva, a ver cataratas, la gran variedad de árboles, una cueva habitada por 4000 aves nocturnas, el zoológico de la Universidad... En realidad no es la selva amazónica llena de mosquitos, barro y enormes árboles, esto es más bien lo que se llama rainforest, donde no hay casi mosquitos y la temperatura es muy agradable.
Así podríamos seguir mucho tiempo más, pero ya hemos llegado casi al final de nuestro hacer las Américas. Mañana empieza el largo camino a casa que nos llevará casi una semana: Lima, reencuentro con Jose Luis y M. Jesús a su vuelta de Cuzco, México DF, Seattle, fin de semana en casa de Pierrot, Philadelphia y finalmente Madrid. Después vendrá Nepal, pero eso ya será otro viaje.
Espero que os hayan gustado mis pequeñas crónicas y que os animen a visitar estos lugares. Yo me llevo multitud de imágenes de paisajes y gentes increíbles, Canadá siempre bella y salvaje, y el Perú impresionante y exagerado en sus contrastes. También muchos recuerdos de todo lo vivido con los amigos con los que he compartido este viaje y gracias sobre todo a Antonio, que me ha aguantado durante más de 90 días viajando juntos (y sin discutir ni una sola vez!), y que es un excelente compañero.
No pienso comer arroz ni patatas en mucho tiempo, mamá si lees esto hazme gazpacho por favor!
viernes, 5 de septiembre de 2008
Desde Chavinillos con amor
5-Septiembre-2008
Tras la partida de Inma y Raquel el último día de convivencia de los 6 restantes fuimos a visitar las ruinas de Chavín, a 100 Km de Huaraz,en una excursión turística. Se trata de una cultura muy anterior a los incas que desarrollo construcciones muy diferentes. Fue realmente interesante.
Siguieron las tristes despedidas, Antonio y yo nos quedamos solos de nuevo. Nos quedaban 10 días en Perú y decidimos tomar rumbo Este hacia Tingo María en la selva, a 600m de altitud. Salimos de Huaraz con nuestras bicis y las alforjas llenas de comida (por fin encontramos pan de molde y peanut butter). Para cruzar al otro lado de la Cordillera Blanca tomamos una pista poco transitada que pasa al pie del nevado Pastoruri. Teníamos que subir 1000 m hasta más de 4.800. La pista era a ratos tan infame como aquella que hace ya mucho tiempo nos llevó hacia Ayacucho. El paisaje mucho más inhóspito, sin pueblos, sin gentes, sin árboles, pero también más impresionante, siempre con los nevados a la vista. En el Km 13 está la casa de los guardas del Parque Nacional. Hay una barrera cerrada, ya que no hay acuerdo entre el parque y los comuneros y no dejan pasar a vehículos. Por ir en bici, y tras una propina obligatoria, nos dejan pasar. Sigue la subida, piedras y más piedras, pinturas rupestres, manantiales de agua ferruginosa, una especie de cactus gigantes aluinantes llamados Puyas, algunas chozas muy primitivas dispersas de campesinos, vacas, ovejas, un par de llamas... cada vez más alto, y Antonio empieza a sentir la altura, vemos el final de puerto, quedan 200 m de desnivel y 5 Kms, pero las fuerzas le fallan, tiene tos y sueño, y se hace tarde, decidimos dar la vuelta y bajar todo lo posible antes de que anochezca. Acampamos, estamos sólos bajo un cielo estrellado maravilloso y a la vez indescifrable por ser del hemisferio sur. Dormimos mucho y por la mañana una vez más todo congelado, hasta el aceite de oliva y el agua de nuestras cantimploras.
Mientras recogemos la tienda vemos un colectivo (furgoneta de transporte público) subir por la pista, y pensamos que habrá otros más tarde en los que subir el puerto. Bajamos más hasta el puesto de los guardas en el Km 13. Nos dicen que sólo hay un colectivo al día, el que hemos visto, y que nadie más pasa por allí porque está cerrado. Son las 10 am. Crisis. Qué hacemos? volver a Huaraz? Abandonar el plan selva y pedalear rumbo oeste a la playa (es invierno) y a las ciudades del Norte? al final decidimos mantener el plan original, la selva nos llama más, y quedarnos a dormir con el guarda para subir el puerto en el colectivo al día siguiente. Nos dejan la sala de exposiciones para dormir.
Lo que amenazaba con ser el día más aburrido de nuestras vidas acabó siendo de lo más divertido. Pasaban las horas y empezaron a aparecer gentes: una niña con una ovejita que había perdido el colectivo para bajar. Un campesino cargando varios sacos que tras 6 meses re-solo en las alturas cuidando de su ganado bajaba a su pueblo. Un camión medio blindado de turistas alemanes que querían entrar en el parque a ver las puyas. Hubo conversaciones, suponemos que propinas también, y les dejaron entrar. Después apareció un tour en bici de una empresa holandesa que hacen el recorrido Quito-Ushuaia en 4 meses, son 12 clientes que pagan una millonada por llevar 6 personas de apoyo (2 guías, 2 cocineras, un mecánico, un enfermero), con 2 vehículos de apoyo, vamos como nuestro treking pero a la europea. A estos no les dejan pasar hasta el día siguiente y tienen que acampar allí. Ya tenemos compañía, nos invitan a cenar, nos dan mucha información de la ruta que nos espera, y al día siguiente por la mañana nos suben el puerto en su 4x4. Buena gente.
Una vez arriba pedaleamos 20 Km por la pista a más de 4.800 m, y nos quedamos boquiabiertos, se nos acaban los adjetivos para describir el lugar, paramos continuamente a hacer fotos, estamos extasiados, lo más bonito que he visto en Perú desde mi bici, montañas de todos los colores, nevados de 5.000 m que están ahí mismo, con un poco de tiempo podríamos subirlos fácilmente, echamos de menos a Ramón para que los identifique, hasta vemos vicuñas salvajes. Y esa sensación de estar sólos. Al final de la pista nos alcanzan los holandeses que se habían subido todo en bici, van sin peso y hacen el doble de distancia que nosotros cada día, así que no les volveremos a ver. Despedidas y Thank yous again.
Después viene una gran bajada por paisajes mineros, la principal riqueza de Perú. Pasamos por La Unión y visitamos las ruinas de Huanuco Pampa. Vuelta a los escenarios rurales, al "Hola Gringos, dónde van?, de dónde vienen?, no se cansan?", las casas de adobe, los eucaliptos, a estar siempre cubiertos de polvo en la pista. Subir y bajar, pero ya bajamos más que subimos, los grandes Andes quedaron atrás.
Y así, llegamos ayer tarde a un pueblín de lo más anodino en un paisaje poco llamativo junto al río Marañón, donde nos dicen que hay un español que vive en una tienda de campaña junto al río desde hace unos meses y que podemos acampar allí con él. Nos esperamos un hippie, y lo que nos encontramos es a José, un empresario andaluz cincuentón, que un día desde su despacho se metió a ser distribuidor de Herbal Life (algo así como Avon llama a tu puerta pero con complejos nutricionales), aplicó su experiencia empresarial y sus contactos y se ha hecho millonario (acreditado), vendió su empresa de telecomunicaciones, se olvidó del despertador, y se vino a Perú a vender Herbal Life. Con los beneficios se dedica a comprar terrenos a orillas del río Marañón y está montando una planta de extracción y procesamiento de oro. Dice que el río está lleno. Flipante! todo esto desde una tienda de campaña. También está montando una piscifactoria de truchas, un invernadero, y pronto un hotel de lujo con helipuerto para sus amigos millonarios. Su socio es un peruano que ha sido torero, escritor, y que estuvo a punto de ser ejecutado por Sendero. Una velada de lo más interesante.
Esta mañana al despedirnos nos ha hecho tragar varias pastillas de colores de Herbal Life: vitaminas, guaraná, y a mí una pócima con efectos similares al Red Bull. El resultado ha sido que como el guaraná es diurético hemos tenido que parar cada hora, y creíamos que nos íbamos a deshidratar. Y yo, al final del día subiendo casi dejo atrás a Antonio. Será que funcionan las pastillitas?? Quién quiere hacerse millonario?
Tras la partida de Inma y Raquel el último día de convivencia de los 6 restantes fuimos a visitar las ruinas de Chavín, a 100 Km de Huaraz,en una excursión turística. Se trata de una cultura muy anterior a los incas que desarrollo construcciones muy diferentes. Fue realmente interesante.
Siguieron las tristes despedidas, Antonio y yo nos quedamos solos de nuevo. Nos quedaban 10 días en Perú y decidimos tomar rumbo Este hacia Tingo María en la selva, a 600m de altitud. Salimos de Huaraz con nuestras bicis y las alforjas llenas de comida (por fin encontramos pan de molde y peanut butter). Para cruzar al otro lado de la Cordillera Blanca tomamos una pista poco transitada que pasa al pie del nevado Pastoruri. Teníamos que subir 1000 m hasta más de 4.800. La pista era a ratos tan infame como aquella que hace ya mucho tiempo nos llevó hacia Ayacucho. El paisaje mucho más inhóspito, sin pueblos, sin gentes, sin árboles, pero también más impresionante, siempre con los nevados a la vista. En el Km 13 está la casa de los guardas del Parque Nacional. Hay una barrera cerrada, ya que no hay acuerdo entre el parque y los comuneros y no dejan pasar a vehículos. Por ir en bici, y tras una propina obligatoria, nos dejan pasar. Sigue la subida, piedras y más piedras, pinturas rupestres, manantiales de agua ferruginosa, una especie de cactus gigantes aluinantes llamados Puyas, algunas chozas muy primitivas dispersas de campesinos, vacas, ovejas, un par de llamas... cada vez más alto, y Antonio empieza a sentir la altura, vemos el final de puerto, quedan 200 m de desnivel y 5 Kms, pero las fuerzas le fallan, tiene tos y sueño, y se hace tarde, decidimos dar la vuelta y bajar todo lo posible antes de que anochezca. Acampamos, estamos sólos bajo un cielo estrellado maravilloso y a la vez indescifrable por ser del hemisferio sur. Dormimos mucho y por la mañana una vez más todo congelado, hasta el aceite de oliva y el agua de nuestras cantimploras.
Mientras recogemos la tienda vemos un colectivo (furgoneta de transporte público) subir por la pista, y pensamos que habrá otros más tarde en los que subir el puerto. Bajamos más hasta el puesto de los guardas en el Km 13. Nos dicen que sólo hay un colectivo al día, el que hemos visto, y que nadie más pasa por allí porque está cerrado. Son las 10 am. Crisis. Qué hacemos? volver a Huaraz? Abandonar el plan selva y pedalear rumbo oeste a la playa (es invierno) y a las ciudades del Norte? al final decidimos mantener el plan original, la selva nos llama más, y quedarnos a dormir con el guarda para subir el puerto en el colectivo al día siguiente. Nos dejan la sala de exposiciones para dormir.
Lo que amenazaba con ser el día más aburrido de nuestras vidas acabó siendo de lo más divertido. Pasaban las horas y empezaron a aparecer gentes: una niña con una ovejita que había perdido el colectivo para bajar. Un campesino cargando varios sacos que tras 6 meses re-solo en las alturas cuidando de su ganado bajaba a su pueblo. Un camión medio blindado de turistas alemanes que querían entrar en el parque a ver las puyas. Hubo conversaciones, suponemos que propinas también, y les dejaron entrar. Después apareció un tour en bici de una empresa holandesa que hacen el recorrido Quito-Ushuaia en 4 meses, son 12 clientes que pagan una millonada por llevar 6 personas de apoyo (2 guías, 2 cocineras, un mecánico, un enfermero), con 2 vehículos de apoyo, vamos como nuestro treking pero a la europea. A estos no les dejan pasar hasta el día siguiente y tienen que acampar allí. Ya tenemos compañía, nos invitan a cenar, nos dan mucha información de la ruta que nos espera, y al día siguiente por la mañana nos suben el puerto en su 4x4. Buena gente.
Una vez arriba pedaleamos 20 Km por la pista a más de 4.800 m, y nos quedamos boquiabiertos, se nos acaban los adjetivos para describir el lugar, paramos continuamente a hacer fotos, estamos extasiados, lo más bonito que he visto en Perú desde mi bici, montañas de todos los colores, nevados de 5.000 m que están ahí mismo, con un poco de tiempo podríamos subirlos fácilmente, echamos de menos a Ramón para que los identifique, hasta vemos vicuñas salvajes. Y esa sensación de estar sólos. Al final de la pista nos alcanzan los holandeses que se habían subido todo en bici, van sin peso y hacen el doble de distancia que nosotros cada día, así que no les volveremos a ver. Despedidas y Thank yous again.
Después viene una gran bajada por paisajes mineros, la principal riqueza de Perú. Pasamos por La Unión y visitamos las ruinas de Huanuco Pampa. Vuelta a los escenarios rurales, al "Hola Gringos, dónde van?, de dónde vienen?, no se cansan?", las casas de adobe, los eucaliptos, a estar siempre cubiertos de polvo en la pista. Subir y bajar, pero ya bajamos más que subimos, los grandes Andes quedaron atrás.
Y así, llegamos ayer tarde a un pueblín de lo más anodino en un paisaje poco llamativo junto al río Marañón, donde nos dicen que hay un español que vive en una tienda de campaña junto al río desde hace unos meses y que podemos acampar allí con él. Nos esperamos un hippie, y lo que nos encontramos es a José, un empresario andaluz cincuentón, que un día desde su despacho se metió a ser distribuidor de Herbal Life (algo así como Avon llama a tu puerta pero con complejos nutricionales), aplicó su experiencia empresarial y sus contactos y se ha hecho millonario (acreditado), vendió su empresa de telecomunicaciones, se olvidó del despertador, y se vino a Perú a vender Herbal Life. Con los beneficios se dedica a comprar terrenos a orillas del río Marañón y está montando una planta de extracción y procesamiento de oro. Dice que el río está lleno. Flipante! todo esto desde una tienda de campaña. También está montando una piscifactoria de truchas, un invernadero, y pronto un hotel de lujo con helipuerto para sus amigos millonarios. Su socio es un peruano que ha sido torero, escritor, y que estuvo a punto de ser ejecutado por Sendero. Una velada de lo más interesante.
Esta mañana al despedirnos nos ha hecho tragar varias pastillas de colores de Herbal Life: vitaminas, guaraná, y a mí una pócima con efectos similares al Red Bull. El resultado ha sido que como el guaraná es diurético hemos tenido que parar cada hora, y creíamos que nos íbamos a deshidratar. Y yo, al final del día subiendo casi dejo atrás a Antonio. Será que funcionan las pastillitas?? Quién quiere hacerse millonario?
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